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martes, 23 de agosto de 2011

Baboseante veco escritor

-Un libro -dije-. Usted está escribiendo un libro. -Hablé con una golosa muy áspera.- Siempre experimenté la mayor admiración por los que saben escribir libros. -Luego miré la primera hoja, y tenía escrito el nombre, LA NARANJA MECÁNICA, y dije:- Caramba, es un título bastante glupo. ¿Quién oyó hablar jamás de una naranja mecánica? -Seguí leyendo, e iba alzando la golosa, hasta el agudo del tipo predicador: "Para oponerme al intento de imponer al hombre, criatura que crece y puede demostrar bondad, que es capaz de beber el néctar que brota de los labios barbados del Señor, para oponerme al intento de imponer leyes y condiciones sólo apropiadas para una creación mecánica, levanto la acerada pluma..."

(...)

Lerdo se acercó a la débochca, que seguía haciendo crich crich crich, y le sujetó las rucas a la espalda, mientras yo le desgarraba esto y aquello, y los otros largaban los ja ja ja, y vimos que tenía unos buenos grudos joroschós, que exhibían unos glasos sonrosados, oh hermanos míos, entre tanto y tanto yo me sacaba los pantalones y me preparaba para la zambullida. Mientras me zambullía pude slusar los gritos de sufrimiento, y al veco escritor lleno de sangre que Georgie y Pete sostenían y que casi se soltaba, aullando como besuño las palabras más sucias que yo conocía y algunas que él estaba inventando. Después de mí era justo que le tocase el turno al viejo Lerdo, y lo hizo resoplando y jadeando como una bestia, sin que se le moviera un centímetro la máscara de Pebe Shelley, mientras yo sujetaba a la filosa. Después hicimos cambio de parejas, el Lerdo y yo aferramos al baboseante veco escritor, que ya no luchaba casi, y apenas musitaba algún slovo aquí y allá, como si estuviese muy lejos, en el bar donde sirven la lecheplus, y Pete y Georgie tuvieron lo suyo. Luego, todo se serenó, y nosotros estábamos llenos de algo parecido al odio...

La naranja mecánica (Clockwork Orange, 1962)