Hay un perro solo en la calle. El barranco manda aire al puente.
¿De qué te quejas, escritor?
Hay un ratón que salta a la casa okupa. Es pequeño y rebota contra la puerta; nadie le abre.
¿Acaso no tienes zapatos, comida?
Un barbudo flaco se acerca hablando al frente. Está sucio, los dos olemos a lo mismo, pero a él se le nota.
¿Qué tipo de fama anhelas, qué prestigio? ¿Cambias la eternidad por una alfombra roja sin magia, lastrada al vacío por el peso de los cuarenta ladrones?
El perro saca un hueso de la basura. Corre con él y me roza una pierna. Me mira y se ríe con sangre en los dientes, es feliz.
¿Por qué debe escucharte el político? ¿Eres mejor que el panadero?
Podría decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa peña, indicándonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas (...). Contábamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aquí se va, y nada más que por aquí. Pero la voz sobrenatural no hiere aún nuestros oídos y los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos. Algunos, que intrépidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto más que tinieblas y enmarañadas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acción física de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque allí hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos
Fragmento del discurso leído por Pérez Galdós ante la Real Academia Española
Ése del espejo eres tú, escritor, no le eches la culpa a nadie.


