(...) Un artista adquiere el derecho de llamarse creador sólo cuando admite que no es sino un instrumento. "¡Autor, creador, poeta! ¡Aún no ha existido tal hombre!". Así habló Rimbaud en la arrogancia de su juventud. Pero estaba proclamando una profunda verdad. El hombre no crea nada de y por sí mismo. Todo ha sido creado, previsto...y, no obstante, la libertad existe (...)El tiempo de los asesinos
(Rimbaud, or The Time of the Assassins; 1952)