Ellos



¿Qué es la felicidad?

La ausencia de miedo

















viernes, 23 de mayo de 2008

Más Chéjov

(...) Ya saben ustedes la fe ciega que tiene la masa, sobre todo las capas medias, en la intelectualidad, en la instrucción universitaria, en las buenas maneras y en el lenguaje literario. Por muchas canalladas que cometa, todos creerán que hace bien, que así debe ser, porque es un joven instruido, liberal, con formación universitaria. (...)
El duelo.1891
A.Chéjov

domingo, 18 de mayo de 2008

Antón Chéjov

(...) Exceptuando a dos o tres autores ya mayores, toda la literatura actual no me parece literatura, sino una especie de industria artesanal que sólo existe para que se jalee, aunque la gente se resiste a usar sus productos. Ni siquiera las mejores de esas creaciones artesanales pueden calificarse de excelentes ni elogiarse con sinceridad sin ponerles algún reparo, y lo mismo cabe decir de todas las novedades literarias que he leído en los últimos diez o quince años: no hay ninguna que sea magnífica, que pueda elogiarse sin un pero. En una se advierte inteligencia y buen gusto, pero no talento; en otra, talento y buen gusto, pero no inteligencia; en una tercera, por último, talento e inteligencia, pero no buen gusto (...) No recuerdo una sola obra nueva en la que el autor, desde la primera página, no trate de enredarse en toda clase de convencionalismos y de hacer concesiones a su propia conciencia. Uno tiene miedo de hablar del cuerpo desnudo, otro se ha atado de pies y manos al análisis psicológico, un tercero necesita "una actitud afectuosa con el ser humano", un cuarto llena intencionadamente páginas y páginas con descripciones de la naturaleza para que no le acusen de tendencioso... Uno quiere aparecer en sus obras como representante de la clase media; otro, como aristócrata, etcétera. Ideas preconcebidas, cautela, segundas intenciones, pero ninguna libertad ni valor para escribir como querrían y, en consecuencia, ninguna creatividad.
Una historia aburrida (1889)
Antón Chéjov

lunes, 12 de mayo de 2008

C. Bukowski

"El amor consiste en blandir tachas para hacer que el veneno tenga mejor gusto".

carta a Miles Payne,
editor de Light Year, julio de 1960

lunes, 14 de abril de 2008

Kafka, siempre Kafka (El Buitre)

Había un buitre, picándome los pies. Ya había desgarrado las botas y los calcetines, ahora picaba ya la carne de los pies. Siempre picaba, volaba luego inquieto varias veces a mi alrededor y proseguía su trabajo. Pasó un señor por mi lado, miró un rato y preguntó por qué toleraba al buitre.
-Estoy indefenso -le dije-, llegó y comenzó a picar, entonces quise, naturalmente, espantarle, incluso intenté ahogarlo, pero un animal así tiene mucha fuerza; como quería saltarme a la cara, decidí sacrificar mis pies. Ya están prácticamente destrozados.
-No entiendo que se deje atormentar de ese modo, un tiro y el buitre está listo.
-¿Así de fácil? -dije yo-. ¿Podría hacerlo usted?
-Encantado -dijo el señor-, sólo tengo que ir a casa y traer mi escopeta. ¿Puede esperar una media hora?
-No lo sé -dije, y me puse rígido por el dolor-. Pero por favor, inténtelo por todos los medios.
-Bien -dijo el señor-, me daré prisa.

El buitre nos había escuchado durante la conversación, mirándonos sucesivamente a uno y a otro. Entonces me di cuenta de que lo había entendido todo, salió volando, se paró a cierta distancia y se inclinó para tomar impulso, luego introdujo el pico en mi boca como un lancero y me atravesó. Mientras caía hacia atrás, sentí, liberado, cómo se ahogaba sin salvación en mis entrañas, inundado en la sangre que se derramaba a torrentes.
El Buitre, Franz Kafka

domingo, 13 de abril de 2008

¡Bésame!

Señor, no soy digna de que entres en mi cuerpo, pero tus labios bastarán para sanarme…
Todos los días tu sangre y tu pecho me iluminan en horas de espera, de rodillas te tengo y acostada te espero. El tiempo pasa, no te mueves, y te lloro como a nadie, ¡Señor te amo!
Te miro a los ojos con fuerza, te doy mi vida… con fuerza me la quito si lo pides, si me pides ahora, en el centro de esta fábrica del miedo, me doy en beso y alma. Ven, baja, déjame sentir tus huecos, tus costillas, déjame entrarte para salir de mí… ¡Bésame, bésame! Oh, mi señor…