Ellos



¿Qué es la felicidad?

La ausencia de miedo

















viernes, 30 de enero de 2009

Hombre con paraguas



Un hombre con paraguas es, sobre todo, un hombre seguro. Parado en un paso de peatones ante un semáforo que, insensato, no lo deja pasar; o hablando con su móvil bajo un árbol que con el viento suelta hojas que a él no tocan; o clavado ante un escaparate donde sólo ve su reflejo perfecto, digno, con paraguas.
Un hombre con paraguas negro que baila entre sus dedos y que no abre, que apenas se balancea en su mano como prueba de que está ahí pero que no hará falta, porque la seguridad para él es eso, estar sin estar, usar sin usar.
Un hombre con paraguas que llega a casa y siente un calor especial que le recorre el cuerpo, un calor seguro. Con la mano derecha se suelta la corbata, y en la izquierda el paraguas le hace las últimas cosquillas del penúltimo baile. Tres días de lluvia dijeron en el telediario. Se quita los zapatos y se deja caer en el sillón. Hasta mañana, paraguas, que descanses.

miércoles, 14 de enero de 2009

Jean Genet



Cuanto mayor sea mi culpabilidad a vuestros ojos, entera y totalmente asumida, mayor será mi libertad y más perfectas mi soledad y mi unicidad.


Diario de un Ladrón. Jean Genet

sábado, 3 de enero de 2009

Lo Justo

Esta comida no sirve más que para seguir viviendo: comeré lo justo para vivir lo justo. Dormir, descansar el cuerpo, no sirve más que para seguir cansándome: dormiré lo justo para cansarme leyendo y escribiendo. No quiero hacer otra cosa, el resto no me interesa ya; todo se perdió; todo está perdido; el asco se apodera de mí. No quiero a los humanos. Me quiero lo justo.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Bukowski


Cuando estuve de vuelta en Los Angeles, encontré un hotel barato justo al lado de Hoover Street, y una vez allí me quedé en la cama y bebí. Estuve bebiendo durante un cierto tiempo, tres o cuatro días. No conseguí levantarme para leer las ofertas de trabajo. La idea de sentarme enfrente de un hombre sentado detrás de un escritorio y contarle que deseaba un trabajo, que estaba capacitado para hacer ese trabajo, era demasiado para mí. Francamente, estaba horrorizado de la vida, de todo lo que un hombre tenía que hacer sólo para comer, dormir y poder vestirse. Así que me quedaba en la cama y bebía. Mientras bebías, el mundo seguía allí afuera, pero por el momento no te tenía agarrado por la garganta.

Factotum, Charles Bukowski

lunes, 4 de agosto de 2008

Madame Bovary



Dispongo que se la entierre vestida de novia, con zapatos blancos y corona. Le dejarán el cabello suelto sobre los hombros. Será inhumada dentro de tres ataúdes, uno de roble, otro de caoba y otro de plomo. Que nadie me diga nada, tendré valor. La cubrirán con un gran paño de terciopelo verde. Ésta es mi voluntad. Cúmplase.
Madame Bovary
G. Flaubert