¿Naira? No. ¿Nuria? No. Naira, sí, Naira. Así se llamaba aquella chica, la pescadera; Naira. Qué brazos tenía. Uno de sus antebrazos era como uno de mis muslos, daba un poco de miedo. Podías imaginar muy fácilmente que, aunque te cogiera la polla con cuidado, algo de daño te iba a hacer (...)Pescado fresco (fragmento)

