Ellos



¿Qué es la felicidad?

La ausencia de miedo

















miércoles, 2 de marzo de 2011

La involución de la evolución

Nacemos y abrimos los ojos. Cuatro patas. Guardería, colegio y primeros amigos. Diversión y conocimiento del entorno. Responsabilidades. Despertar sexual. Estudios superiores. Esperanzas y proyectos. Primer trabajo. Madurez. Realidad. Conocimiento del mundo. Desencanto. Obligaciones autoimpuestas. Semanas interminables con sábados y domingos breves. Hijos. Nuevas ilusiones. Vuelta a la realidad. Deterioro físico. Declive sexual. Demasiadas obligaciones y pocas distracciones. Disminución de ¿amor? Hastío. Enfermedades. Vejez: principio del fin. Tres patas. Silla de ruedas. Soledad. Cerramos los ojos. Silencio eterno. Nada.

martes, 1 de marzo de 2011

La luz de Chéjov



Leer a Chéjov es recibir cachetada tras cachetada de humildad. Cualquier gran idea que se me ocurra llevará escrita por él más de cien años.


-Todas esas reflexiones sobre la finitud y la insignificancia, sobre el sinsentido de la vida y la inevitabilidad de la muerte, sobre la oscuridad de la tumba y todo lo demás; en definitiva, todos esos pensamientos elevados, amigo mío, resultan aceptables y naturales en la vejez, cuando son fruto de una prolongada labor espiritual y de los sufrimientos, y representan una verdadera riqueza intelectual; pero en el caso de un cerebro joven, que acaba de iniciar una vida independiente, son una auténtica desgracia. ¡Una auténtica desgracia! -repitio Anániev, con un gesto de la mano-. En mi opinión, a su edad más valdría no tener cabeza sobre los hombros que pensar de esa manera. Se lo digo en serio, barón. Hace tiempo que quería hablar de este asunto con usted, pues desde el día en que nos conocimos he observado su inclinación por esos pensamientos perniciosos.

Luces