Cierro la puerta, en pocos minutos empiezo a disfrutar de mis secas depresiones.
Se abren viejas heridas con más rencor que tristeza. Sin motivación no me monto ningún espectáculo, sin motivación para falsear gestos, sin nada de amabilidad personal.
No me había dado cuenta aunque ya alguien me lo dijo, el espejo está devolviendo una mirada con arrugas.
Ya no somos un cuerpo con 30 kilos de anarquía, ya no tengo tesoros en los bolsillos.
Soy mi muerte, la única que de verdad me importa.
Estoy preocupado por estar vivo.
Me parece que uno ya no es dueño de su memoria, ni de nada, que la vida es como el amor, una palabra de cuatro letras.
En algunas grabaciones que se perdieron...