El día que Frazier ganó
Ellos
¿Qué es la felicidad?
La ausencia de miedo
jueves, 10 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Versados títeres

¿Debate? Mitin, sí, mitin convenido, debate...
Barbas canosas bien rasuradas, cabellos teñidos, leve maquillaje masculino, traje oscuro, vida ordenada, ejemplar, candidato.
Falsa esperanza con impostada solidaridad, ilusión de control, de orden, dardos con puntas de goma.
Preguntas sin respuesta, con deformadas ideologías, aversión de conceptos farragosos.
"Insidia", doble, sí, de los dos, con el negro horizonte.
Versados títeres de un barco llamado España, que navega con botas de plomo sobre un mar de oscuro fango y mierda.
Barbas canosas bien rasuradas, cabellos teñidos, leve maquillaje masculino, traje oscuro, vida ordenada, ejemplar, candidato.
Falsa esperanza con impostada solidaridad, ilusión de control, de orden, dardos con puntas de goma.
Preguntas sin respuesta, con deformadas ideologías, aversión de conceptos farragosos.
"Insidia", doble, sí, de los dos, con el negro horizonte.
Versados títeres de un barco llamado España, que navega con botas de plomo sobre un mar de oscuro fango y mierda.
domingo, 6 de noviembre de 2011
La migala
La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, al descomunal infierno de los hombres.
Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, al descomunal infierno de los hombres.
La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño a creado para mí, con presición, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de extraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño a creado para mí, con presición, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de extraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.
Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles.
(...) Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.
(...) Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.
Juan José Arreola.
Confabulario (1952)
Confabulario (1952)
sábado, 5 de noviembre de 2011
Cotidiano Cortázar

"No hago diferencia entre lo real y lo fantástico. Para mí, lo fantástico procede siempre de lo cotidiano. Un escritor de verdad es aquel que tiende el arco a fondo mientras escribe, y después lo cuelga de un clavo y se va a tomar vino con los amigos. La flecha ya anda por el aire y se clavará o no se clavará en el blanco; sólo los imbéciles pueden pretender modificar su trayectoria o correr tras ella para darla empujoncitos suplementarios."
Antología del Cuento Literario
Editorial Alhambra (1988)
Selección y edición de Miguel Díez Rodríguez
Editorial Alhambra (1988)
Selección y edición de Miguel Díez Rodríguez
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