Ellos



¿Qué es la felicidad?

La ausencia de miedo

















viernes, 30 de enero de 2009

Hombre con paraguas



Un hombre con paraguas es, sobre todo, un hombre seguro. Parado en un paso de peatones ante un semáforo que, insensato, no lo deja pasar; o hablando con su móvil bajo un árbol que con el viento suelta hojas que a él no tocan; o clavado ante un escaparate donde sólo ve su reflejo perfecto, digno, con paraguas.
Un hombre con paraguas negro que baila entre sus dedos y que no abre, que apenas se balancea en su mano como prueba de que está ahí pero que no hará falta, porque la seguridad para él es eso, estar sin estar, usar sin usar.
Un hombre con paraguas que llega a casa y siente un calor especial que le recorre el cuerpo, un calor seguro. Con la mano derecha se suelta la corbata, y en la izquierda el paraguas le hace las últimas cosquillas del penúltimo baile. Tres días de lluvia dijeron en el telediario. Se quita los zapatos y se deja caer en el sillón. Hasta mañana, paraguas, que descanses.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No llegué a tiempo de comentarle la salutífera, vivificante y mordaz reflexión, con la que nos obsequia en su artículo "El vicio cristiano", del pasado uno del "presente"... Y permítame antes que nada agradecerle su "poliglotía" literaria, que como la madre del protagonista de "Memoria de mis putas tristes", es used también garibaldino, y yo me atrevería a adobar con un poco de "gatopardismo", más a lo Visconti que a lo Lampedusa... Es difícil elegir ¿verdad?... Lo dicho, es usted un diamante, nada bruto.., que se autopule, con las mismas mañas con las que se "autosatisface".., porque me da la impresión que el gran onanista que todos llevamos dentro, implica "per se", ése hacerse el amor a uno mismo, digno de un shopenhaueriano al uso, que en espera de compañías apropiadas, estimulantes, viscontianas, coleccionamos con fruicción los recuerdos, como materia imaginera para nuevos retos masturbatorios, Los curas, tienen razón con sus advertencias sobre este "vicio solitario", porque nos puede aislar en un desollamiento compulsivo de nuestro glande, que a la postre no sería un vehículo sublimar, sino un fin en sí mismo empobrecedor. Sí, decididamente Sr. Ramallo, sería usted un gran escribidor de relatos para leer con una sola mano.
Con un respeto y admiración cada día mayores hacia su obra, reciba usted u cordial saludo, de esta "mascarita" inofensiva, que lo es...
Crítica del Crítico...

José Ramallo Tapia dijo...

Gracias critico por su paseo en mi blog. Acepto todo tipo de comentarios, porque si uno opina, debe ser opinado; así que mis gracias serían igual de sinceras si me pusiera usted a parir, se lo aseguro. Su respeto y admiración de hoy me estimulan, pero con las dos manos; su desprecio quizá de mañana también me estimulara, pero de igual manera con las dos manos. Un saludo.