
Mi amado el pordiosero estaba durmiendo la mona. Del gollete de una botella de ron, recostada sobre su pecho, pendía una última gota que se negaba a caer. Le metí la mano en la bragueta y le saqué al aire todo el material masculino. Olía a meados y sus huevos eran un hormiguero de ladillas.
-Chúpasela -ordené a Dácil.
Obediente, se agachó y metió el cabezón en su boca. Descubrí mi vocación de animadora cultural. Le enseñé pacientemente a comer la pinga de un hombre dormido y con resaca. La misteriosa relación que existe entre el movimiento de las nalgas y el movimiento de los labios. Las nalgas de Dácil eran redondas y rollizas y carnosas. Cuando la pobre imbécil se instruyó con mi lección y dio al mamoneo el ritmo apropiado, me complació meterle el gollete de la botella por el culo, y gimoteó y se quejó, pero aceptó el dolor y siguió chupando. Oh dios mío, cómo se empalmó el hijo de puta. Lo vi abrir los ojos y abrir la boca y preguntar si le había llevado el dinero.
-Hoy no hay dinero sino mierda de gallina.
-No te entiendo, y ¿quién es ésta?
-Esta es tu conejillo de indias. Te la he traído para ver en vivo tu arte de asesino.
-Vale, chavala. Se ve que estás creciendo. No tengo ningún arte fijo -y cogió la botella, la rompió contra una piedra y enseguida la usó para matar a Dácil. La dejó seca sin darle tiempo a despedirse del sol, que ya se iba.
-¿Quieres que te mate a ti también ahora?
-Vivir no es nada nuevo, ni morir tampoco -dije, recordando unos versos de un poeta ruso, y no pude evitar reírme-. Ya estoy harta de tu sadismo. Ahora voy a ser yo quien mande. O no vas a ver un puto euro más de mi bolso. Vírate de espalda.
-Ya sabía yo que eras especial. Lo que tú quieras, mi niña. Ya sabía yo que tú eras especial.
Con la misma botella rota grabé mi nombre en su espalda y sorbí su sabrosa sangre.
-Qué hacemos con esto, mi niña.
-Mollejas, mi amor. Quiero probar a que sabe el corazón de una mujer. Con lo demás puedes hacer lo que te dé la gana.
Nos lo comimos crudo, y puedo asegurar que no tiene ningún sabor especial el corazón de una mujer.
Agosta escribe (2009)
2 comentarios:
Inmenso este fragmento. Me dan ganas de volverla a leer. Supongo que eso querrá decir algo. Una novela que quedará pal futuro, para cuando la lean nuevos ojos y cuando defiendan lo que el autor no pudo defender.
Territorio complicado el de la defensa, Ramón. El ataque te permite mirar siempre hacia delante, y no esperar por otros que rara vez llegan.
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