
(...) Magda se durmió. Rey se desveló. Al fin tuvo que botarse una paja él solito. Puso la mano izquierda sobre las nalgas de Magda, y eso fue suficiente para descranearse un poco. Magda dormida boca abajo ni se enteró. Enseguida Rey tuvo su orgasmo y emtonces pudo controlarse y dormir.
Cuando despertó al día siguiente, Magda se había marchado. La puerta estaba abierta. "¿Qué le pasará a esta loca? Está en alguna volá extraña y no quiere que yo lo sepa", pensó. Se quedó un rato remoloneando en la colchoneta, con la tripa pegada al espinazo, como siempre. Ésos eran sus entretenimientos favoritos: nada que hacer, remolonear, dar vueltas y más vueltas, dejar que el tiempo pase, y tener hambre. "La única propiedad del pobre es el hambre", decía su abuela cuando aún hablaba. Desde pequeño le enseñaron a no darle importancia a esa propiedad. Hacer como si no existiera. "Olvídate del hambre porque porque no hay nada que comer", le gritaba su madre siempre, todos los días, a cualquier hora (...)
El Rey de La Habana (Ed. Anagrama, 1999)
6 comentarios:
Hola
¿Llegaré a 2010?
Sí, claro.
Hmm, veo en tu barra lateral que te estás volviendo un conformista...
NOOOOOOOOOOOOOOOO.
No te entiendo. Conformista por qué
Más bien diría que me lo están poniendo difícil...
Hay mucha hipocresía en el mundillo "progre alternativo cultural" que se cuece en Madrid.
Por lo de la barra y tal.
Sigo sin entenderte. También se puede hablar y escribir claro.
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